La revolución del consumo cultural: de los 80s a la IA

Actualmente, se lanzan más contenidos en un solo día que todo lo que se publicó en el año 1989. Esa frase la dijo Will Page, economista británico, autor, DJ y podcaster, quien trabajó en Spotify entre los años 2012 al 2019.

Viajemos en el tiempo

En el año 89, yo tenía 12 años. Me gustaban los New Kids On The Block, una boyband norteamericana que arrasaba por todo el mundo. Los fui a ver al Estadio Nacional, para el concierto organizado por Amnistía Internacional llamado Un Abrazo a la Esperanza. Ese fue el segundo evento masivo más grande que se había hecho en Chile desde el regreso a la democracia (el primero fue el de Rod Stewart en marzo de 1989). Los NKOTB cantaron pésimo, sonaron mal, no se veían bien pero recuerdo con ternura esa primera experiencia musical. Muy distinto al primer concierto de mi hijo, el año 2021 quien gracias a la plataforma Fornite, pudo ver en plena pandemia a la cantante Ariana Grande desde la comodidad de su sillón. Experiencias distintas pero atesorables para ambos por igual.

Yo me pregunto, Si hoy se publica mucho más contenido que en el pasado, ¿Se estará multiplicando también la experiencia de consumo?, ¿es ahora más enriquecedora que antes?, ¿Estamos perdiendo cosas con esta sobreabundancia?.En el año 89, yo tenía 12 años. Me gustaban los New Kids On The Block, una boyband norteamericana que arrasaba por todo el mundo. Los fui a ver al Estadio Nacional, para el concierto organizado por Amnistía Internacional llamado Un Abrazo a la Esperanza. Ese fue el segundo evento masivo más grande que se había hecho en Chile desde el regreso a la democracia (el primero fue el de Rod Stewart en marzo de 1989). Los NKOTB cantaron pésimo, sonaron mal, no se veían bien pero recuerdo con ternura esa primera experiencia musical. Muy distinto al primer concierto de mi hijo, el año 2021 quien gracias a la plataforma Fornite, pudo ver en plena pandemia a la cantante Ariana Grande desde la comodidad de su sillón. Experiencias distintas pero atesorables para ambos por igual.

Yo me pregunto, Si hoy se publica mucho más contenido que en el pasado, ¿Se estará multiplicando también la experiencia de consumo?, ¿es ahora más enriquecedora que antes?, ¿Estamos perdiendo cosas con esta sobreabundancia?.

La cultura de la escasez

“La escasez no solo determina lo que valoramos, sino cómo lo experimentamos.”
Sendhil Mullainathan & Eldar Shafir, economistas conductuales (en Scarcity, 2013)

Los primeros teléfonos celulares comenzaron a llegar a Chile el año 1989, gracias a un convenio entre la CTC y Japón. Costaban alrededor de $300.000 pesos, similar a lo que cuestan hoy. Pero en esa época el sueldo mínimo no superaba los $20.000 pesos. Por lo tanto para acceder a un celular tenías que ser millonario. Entonces claramente no se consumía música a través del celular, ¿por donde entonces?.

Las familias que tenían televisión por cable podían sintonizar MTV el canal de videoclips lanzado el año 1981 en Estados Unidos. El resto de los mortales nos conformamos con el sucedáneo del canal nacional de Chile llamado Sábado Taquilla, un ranking musical que se renovaba cada semana. En ambos casos, se trataba de ver el videoclip de tu banda favorita. Luego de eso, comentarlo con amigos, grabarlo en un VHS, conseguir la traducción de la letra, tratar de acceder al disco y buscar en alguna revista musical datos extras de la banda. Un verdadero research de mercado.

Cuando la música se buscaba con esfuerzo

“La cultura popular fue durante mucho tiempo oral, artesanal y colectiva; lo digital ha acelerado el acceso, pero no necesariamente la profundidad.”
Henry Jenkins, teórico de medios (en Convergence Culture, 2006)

Comprar discos en formato cassette o CD también era un lujo, por lo tanto la piratería era algo muy común. Entonces las personas se transformaban en sus propios editores, curadores y en algunos casos hasta diseñadores de su propio contenido músical. Conseguir por volumen el material de grabación, luego grabar con cuidado el cassette, hacer compilados temáticos, personalizar el diseño de la portada o escribir a mano los títulos de las canciones. Todas esas acciones eran parte de la metodología del consumo que muy probablemente concluía con un intercambio presencial en encuentros con amigos. Las personas eran productores y divulgadores de su propio archivo.

Como mencioné más arriba, los grandes espectáculos musicales en Chile comenzaron a realizarse recién a partir del año 1989. Antes de eso sólo se hacían tocatas en gimnasios escolares o recitales en clubes underground. Pero acceder a estos megaeventos significaba pagar cerca del 17% del sueldo mínimo de la época. Entonces, la radio jugaba un papel crucial al transmitir en vivo los shows más importantes. Eso conllevaba nuevamente toda una preparación; sentarse al lado de la radio a la hora exacta y tener el cassette listo para apretar REC. Las personas operando como conservadores de material histórico.

Radios, revistas y fanzines: los orígenes del gusto musical compartido

“El gusto no es individual: es una construcción social hecha de experiencias compartidas y relatos heredados.”
Pierre Bourdieu, sociólogo (en La distinción, 1979)

Para ampliar el background de bandas y adquirir mayor conocimiento musical había que seguir a los gurús en la materia. Ellos escribían en fanzines artesanales, revistas especializadas o solían tener programas en radios del dial FM. Algunos también en televisión abierta, transmitidos en franjas económicas cerca de la media noche. Pero los principales referentes, musicólogos, expertos e influencers eran los propios amigos, los hermanos, compañeros de colegio o universidad. Era desde ahí y desde el propio contexto en que se iba construyendo lo que se denomina el gusto musical. Las personas como impulsores del intercambio cultural y el enfoque crítico argumentativo a través de la oralidad.

El acceso desbordado: cuando todo está al alcance, pero nada permanece

Hoy, en cambio, tenemos acceso inmediato a millones de canciones, playlists, artistas, podcasts, conciertos virtuales y presenciales. Todo compite por atención, por un instante de escucha. La economía del contenido lo rige todo con una agresividad que no deja pensar. Pero no se trata de alabar tiempos pasados y denostar a los actuales. Hoy en día la música es tan diversa como la de antes y no creo que haya bajado su calidad, simplemente hay más cosas buenas y más cosas malas. Entonces, ¿qué estamos perdiendo?.

El Efecto IKEA: por qué valoramos más lo que ayudamos a construir

En la década de 1950, la empresa General Mills lanzó bajo su marca Betty Crocker una mezcla para hacer pasteles instantáneos. La idea era simple y revolucionaria para la época pero fracasó. Las amas de casa sentían que no estaban “cocinando de verdad”; entonces, la marca cambió la receta para que agregaran un huevo fresco, y el producto se volvió un éxito. Esta simple modificación devolvió a las personas una sensación de participación y orgullo, demostrando que no siempre buscamos facilidad, sino sentir que construimos algo por nosotros mismos.

Esta historia es uno de los primeros ejemplos documentados de lo que más tarde se conocería como el Efecto IKEA: las personas valoran más aquello en lo que han invertido esfuerzo, incluso si el resultado no es perfecto.

La ilusión de la personalización: cuando el algoritmo decide por nosotros

“El algoritmo sabe lo que te gusta antes de que tú lo sepas, pero no sabe quién eres.”
Shoshana Zuboff, socióloga (en The Age of Surveillance Capitalism, 2019)

Spotify ha implementado varias funciones para crear la ilusión del Efecto IKEA, es decir, aumentar el apego emocional al permitir que el usuario participe activamente en la creación de su experiencia:

  • Playlists propias: Crear listas con nombre, portada y orden personalizado genera sentido de autoría.
  • Playlists algorítmicas personalizadas: Listas como Discover Weekly se basan en tus hábitos, haciéndolas sentir únicas.
  • Spotify Wrapped: Tu resumen anual de escucha refuerza el orgullo por lo que has construido a lo largo del año.
  • Blend y listas colaborativas: Fomentan la co-creación con otras personas, fortaleciendo vínculos y pertenencia.
  • Personalización visual: Cambiar portadas y editar listas da control estético y refuerza el vínculo con el contenido.


A pesar de estos esfuerzos, el algoritmo tiene tanto protagonismo que ha hecho disminuir el rol emocional del usuario. Actualmente somos básicamente consumidores de canciones con poca capacidad de escuchar un álbum completo. Esto responde a la tendencia predominante de lanzar singles por goteo. ¿Porque las personas dedicarán 40 minutos de su vida a un disco completo si ese contenido sólo les llegó de rebote (gracias al algoritmo)?. 

Tecnología emocional: diseñar experiencias que se sientan como propias

Las experiencias de consumo, en su amplio espectro, deben defender el sentido humano de su journey. Los marcos de inteligencia artificial también deben ser construidos a partir de relaciones humanas y no de interacciones funcionales. “El problema” y lo digo entre comillas porque en realidad es un valor, es que la inteligencia artificial no puede aún igualar la experiencia humana, pero sí la puede imitar en parte. Los seres humanos tenemos experiencias tan ricas en matices afectivos, sociales y contextuales que van más allá de la personalización o el esfuerzo invertido. Sin embargo, cuando una IA permite co-creación, decisión y adaptación, puede acercarse a lo que sentimos al construir algo propio.

Si eso algún día la tecnología lo logra transmitir, quizás en el futuro las nuevas generaciones se sientan escuchando música como en el año 1989.

Bibliografía recomendada:

  • The IKEA effect: When labor leads to love – Norton, Mochon y Ariely (2012)
    Un estudio clásico que demuestra cómo las personas valoran más aquello en lo que invierten esfuerzo.
    Leer más

  • Captivating algorithms: Recommender systems as traps – Nick Seaver (2019)
    Una crítica a los sistemas de recomendación algorítmica en plataformas como Spotify.
    Leer más

  • Algorithms, advertising and the intimacy of surveillance – Minna Ruckenstein y Julia Granroth (2020)
    Analiza cómo las plataformas crean una falsa sensación de personalización basada en vigilancia.
    Leer más

  • Spotify Teardown: Inside the Black Box of Streaming Music – Eriksson, R., Fleischer, R., Johansson, A., Snickars, P., & Vonderau, P. (2020)
    Un análisis profundo y crítico del funcionamiento interno de Spotify como plataforma cultural, técnica y económica.
    Leer más

  • The Age of Surveillance Capitalism – Shoshana Zuboff (2020)
    Un libro clave para entender cómo el modelo algorítmico actual transforma la experiencia cultural en función de la extracción de datos.
    Leer más