Diseñar sin memoria: El recuerdo como obstáculo productivo

En una sociedad obsesionada con la productividad, incluso los recuerdos pueden convertirse en un estorbo. 

Como advierte Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio (2012), vivimos tiempos donde “la presión por el rendimiento elimina todo lo que huela a pausa, contemplación o memoria”; el recuerdo se vuelve improductivo.

Cuando el entretenimiento nos incomoda

Algunas series no solo entretienen: nos enfrentan a dilemas que rozan lo ético, lo emocional y lo profundamente humano.

Las buenas obras — ya sean series, películas o libros — son aquellas que logran hablar de muchas cosas al mismo tiempo y nos dejan pensando sobre aquello. Una serie que vi recientemente logra justamente eso: nos habla de la industria química, del aprovechamiento extremo del capital humano, del derecho de las personas a tener un propósito genuino construido a partir de su experiencia vivida —y recordada. 

La serie invita a reflexionar sobre el valor de la memoria, especialmente de los recuerdos dolorosos. Reivindica el derecho a conservarlos, a sentir tristeza, a revivir momentos difíciles y a tener recuerdos negativos, porque todo eso también nos constituye como humanos. Estrenada en 2018 —lo que me da libertad para spoilear sin remordimientos—, Homecoming está protagonizada por Julia Roberts y actualmente se encuentra disponible en Amazon Prime

Algo sobre la trama

Imagen https://m.media-amazon.com

La historia gira en torno a una psicóloga que entra a trabajar a una institución dedicada a atender veteranos del ejército que regresan de sus funciones. Son personas muy jóvenes que se preparan para reintegrarse a la vida civil, pero que requieren apoyo, ya que cargan con traumas psicológicos y necesitan atención profesional.

La protagonista tiene la doble misión de brindar tratamiento psicológico a estos jóvenes y, al mismo tiempo, de dirigir el programa, reportando directamente a un personaje que opera en las sombras, quien resulta ser el verdadero artífice e interesado principal en que esta iniciativa funcione.

Aquí viene el spoiler.⚠️ Puedes saltar a la reflexión siguiente o continuar leyendo

A medida que avanzan los capítulos, descubrimos que ella tiene una misión paralela: suministrarles a los veteranos una medicación oculta a través de las comidas que reciben. Esta medicación busca modificar su conducta, reduciendo la ansiedad, la agresividad o las alteraciones del sueño. La sospecha comienza a surgir cuando notamos que esta acción se realiza en secreto, sin consentimiento de los pacientes. Como espectadores, percibimos que este supuesto programa de cuidado no tiene un fin humanitario o empático, ni es un agradecimiento por los servicios prestados a la nación. Hay un trasfondo más oscuro, con finalidades ocultas, que se van revelando capítulo a capítulo.

En un momento de la serie se revela que esta organización opera gracias al financiamiento de una empresa química conocida por fabricar detergentes y productos de limpieza. Esta pista resulta clave para comprender los intereses reales detrás del programa. El objetivo real no era facilitar la reinserción civil, sino alterar la conducta para reincorporar a estos soldados al servicio militar, extendiendo así su vida útil en ejercicio. Los químicos estaban diseñados para borrar recuerdos complejos, dolorosos y traumáticos, permitiéndoles regresar al servicio sin impedimentos y con la excelencia que habían demostrado meses atrás.

Cuando la protagonista descubre esto, entra en un profundo conflicto ético, ya que desconocía esa parte del programa. Su dilema moral es tan fuerte que logra traspasar la pantalla, haciéndonos sentir también ese choque. En lo personal, observar que puede ser viable la eliminación de recuerdos para seguir rindiendo fue potente. Más aún si se muestra a través de un personaje tan transparente y resiliente como Walter, un joven de no más de 28 años que, a pesar de su dolor, siente ganas de reintegrarse a la vida civil, de reconstruir un futuro, con sueños y propósitos muy definidos.

La neurocientífica Maryanne Wolf ha escrito que “la memoria no es un archivo inerte, sino un tejido vivo que se reconfigura constantemente” (Reader, Come Home, 2018). Lo que recordamos, y cómo lo recordamos, define en gran parte quiénes somos.

Memoria e intuición: una brújula interna

La trama de la serie deja claro que superar un recuerdo no es lo mismo que borrarlo. Que recordar, lograr resignificar y darle tiempo a los procesos de sanación es un derecho que tenemos y que conmemorar nuestros dolores también lo es. Pero me pregunto: ¿acaso ya no estamos bloqueando nuestros recuerdos con el trabajo, las redes sociales, ciertas rutinas, relaciones tóxicas o contenido que nos ayudan a evadir?.

Según el psicólogo Daniel Wegner, muchos de nuestros intentos conscientes por suprimir recuerdos o pensamientos terminan provocando el efecto contrario: se refuerzan (White Bears and Other Unwanted Thoughts, 1994).

Pero también, muchas veces, es el propio cerebro el que ejecuta este mecanismo de evasión. Hay personas que olvidan fragmentos enteros de su vida pasada debido a un trauma, y que solo a través de terapias intensas, hipnosis o tratamientos prolongados logran recuperar imágenes de su pasado. El olvido como estrategia de supervivencia, ocurre sin que lo decidamos. Nuestro cerebro bloquea momentos traumáticos como medida de protección.

¿Qué tan malo es olvidar, si el mismo cuerpo a veces lo hace por nosotros?, ¿y si olvidar fuera un procedimiento accesible como una cirugía ambulatoria cuando ningún tratamiento funciona?. Seguramente un profesional de la salud mental dirá que es tremendamente negativo, al igual que un sociólogo, un antropólogo o un historiador, quienes abogan por la importancia de la memoria.

Diseñar sin memoria: una experiencia incompleta

Como diseñadora de experiencias, pienso que olvidar sería fatal: extirparíamos una parte vital del ser humano, eliminando emociones importantes que ayudan a percibir experiencias como positivas o negativas. En términos prácticos sería un desperdicio de material, un recurso desaprovechado botado al tacho de la basura, porque el recuerdo alimenta a la intuición y uno de los principales intereses de los diseñadores es generar experiencias intuitivas, es decir, que se ejecuten de manera orgánica, casi natural, con baja inducción, empatizando con las personas, solicitando su retroalimentación y midiendo su huella a medida que avanzan en el journey.

La memoria nos hace diseñar también con mayor sentido y enfoque porque cada proyecto trae consigo oportunidades de mejora que vamos aplicando en el futuro. Nuestras experiencias personales también influyen al diseñar, porque los sesgos existen y juegan un papel importante por más que queramos bloquearlos. Una vez escuché que en un proceso de diseño no sólo alteramos el comportamiento del segmento en cuestión, el diseñador(a) a cargo también modifica aspectos de su propia conducta al transitar el proceso de diseño y finaliza con perspectivas muy distintas a como comenzó.

Que la memoria no se extinga

La memoria, nos señala el camino como un farol en la oscuridad y nos da confianza, reduciendo nuestra ansiedad por más pedregoso que se encuentre el trayecto. Cuando las cosas se ponen feas, podemos pensar: ‘eso ya me pasó en el año tal’, ‘eso me lo contó un amigo’, o ‘eso lo vi hace tiempo en una película’. Y nos damos cuenta que por más terrible que sea lo que estamos pasando, ya lo vivimos o lo vivieron otros (nuestros padres, abuelos o antepasados). El dolor va a seguir, pero vamos a mantener la calma y vamos a poder seguir avanzando en la oscuridad alumbrados por ese farol.

Que la memoria no se extinga, que no te la cambien, que sea tuya para siempre.

Referencias:

  • Byung-Chul Han (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
    Un ensayo que explora cómo el exceso de positividad y productividad en la cultura actual impide el descanso, la contemplación y el recuerdo.
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  • Maryanne Wolf (2018). Reader, Come Home: The Reading Brain in a Digital World. Harper.
    Reflexiona sobre cómo la neuroplasticidad transforma la memoria y la atención, defendiendo el rol de la lectura profunda y el recuerdo como herramientas humanas esenciales.
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  • Antonio Damasio (2018). El extraño orden de las cosas. Editorial Destino.
    Un abordaje desde la neurociencia que demuestra cómo las emociones y la memoria conforman nuestra conciencia, toma de decisiones y sentido de identidad.
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  • Emily Esfahani Smith (2017). The Power of Meaning: Finding Fulfillment in a World Obsessed with Happiness. Crown.
    Defiende el valor del sufrimiento, la memoria difícil y el propósito vital como elementos clave para una vida plena, frente a la dictadura del bienestar.
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  • Don Norman (2013). The Design of Everyday Things. MIT Press.
    Aunque clásico, sigue siendo fundamental para comprender cómo las experiencias bien diseñadas apelan a la memoria, la intuición y el contexto de uso.
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